La adopción de una “familia convencional”, Papás, Mamás, Hijos, control, transmisión valórica, roles definidos, relación vertical entre padres e hijos… todas son características actualmente normadas y que le dan seguridad a las generaciones anteriores sobre la perpetuidad de su estilo de vida. Pero es también una familia estática, que impide la evolución de la sociedad ¿Tres padres? ¿Dos madres? ¿Padre soltero? La cantidad de gente que vive sola sin querer formar familia es también grande, y la institución del matrimonio es tremendamente dañina para cuando estas personas construyen proyectos de vida que no pasan por la familia con hijos. Partiendo por la desaprobación social, el hecho de que muchas políticas públicas estén condicionadas o dirigidas a que las parejas procreen y generen hijos, que la única familia aceptada por el momento es la heterosexual tradicional, siendo las madres solteras motivo de compasión, los padres solteros de suspicacia y cualquier otro modelo familiar es acusado de depravación y tomado con extrema cautela. La familia que se nos propone es una familia que transmite un proyecto social basado en la rigidez y en la organización vertical. Intervenir esta institución es sentar las bases para una nueva forma de convivencia y crianza que no es ni favorable al sistema ni a las consciencias limitadas de quienes defienden el modelo. Así mismo, con cómo van las propuestas de legislación actuales para regular las familias homoparentales, hay una homologación de la familia homoparental con la familia heterosexual tradicional. No se admite cabida, ni si quiera se ha pensado, en padres transexuales, por ejemplo; y por supuesto, se piensa en la familia como un aparato diseñado sólo para generar descendencia, y no comunidad. Las limitaciones del modelo por el que algunos pelean son evidentes y conducen a una perpetuidad en la moral ilógica que nuestra generación va camino a destruir.
El otro camino, es que la legislación se abra a aceptar y promover políticas antidiscriminación para que cualquier tipo de familia encuentre apoyo, cabida y aprobación dentro de la sociedad. Ello implicaría la aparición y masificación de otros modelos de crianza y desarrollo de comunidades con valores más laxos, no por ello menos positivos. Implicaría que “lo gay”, si bien inevitablemente se fundirá con la sociedad, lo hará de forma paulatina, aportando un rupturismo estético y valórico sin precedentes. En este camino, el Estado juega un rol de mediador hacia la aceptación de realidades diversas, más que como un gran homologador y castigador de la diferencia. Evidentemente supone un remesón importante en la forma en la que se constituye la sociedad. Las interacciones varían, la posibilidad de encontrar acogida independientemente de lo que se considere correcto o negativo según los principios sacros, es un avance importante. Sin embargo, esta ruptura con el modelo autoritario de familia implica también una ruptura con el modelo autoritario para relacionarnos, acelerando el proceso de racionalización moral precisamente a través de la democratización de la forma en la que el estado comprende los sentimientos y la afectividad, y el descarte absoluto del fascismo como forma de interacción entre pares. Significa reconocernos como pares, sin importar nuestra situación de nacimiento.
En este panorama estamos, es el gran dilema. Y aunque algunos como Rolando Jiménez aspiren al congreso para conseguir la normativización, para conseguir ser aceptados e incluidos en la idílica familia prometida del sueño americano (secundados, por supuesto, por los partidos tradicionales y buena parte de Fundación Iguales); otros se levantan desde la diferencia exigiendo reconocimiento sin intervención, sin condiciones. El derecho de ser es el más violentado hoy en día en nuestra sociedad y es el que debemos reclamar con más fuerza: El derecho de ser sin condiciones, sin exclusiones, sin letra chica; de poder crear en nuestro espacio personal lo que individualmente queremos, lo que colectivamente soñamos. La normativización del ser es, por supuesto, una amenaza, gatillada porque al ejercer ese derecho se intervienen demasiadas realidades, se inseguriza a demasiada gente, se amenazan los cimientos de demasiadas autoridades. Claramente no es el momento en el que podremos ser y crear sin fronteras, pero sí podemos tomar el camino para llegar allí.
