viernes, 12 de julio de 2013
Preparándonos para la guerra moderna
miércoles, 26 de junio de 2013
Sobre tomas y democracia
Carta Abierta a Carolina Tohá sobre las tomas de colegios
Ex estudiante del Liceo de Aplicación
jueves, 18 de octubre de 2012
Poder
jueves, 16 de agosto de 2012
La difícil tarea de profundizar el debate secundario
viernes, 7 de octubre de 2011
¿hacia dónde va el movimiento estudiantil?
Desde que dejé la vocería de la coordinadora metropolitana y me retiré de las cúpulas del movimiento he estado dando charlas en colegios, algunos no movilizados y otros en toma o paro. No importa el tema de la exposición, siempre la pregunta más recurrente es la misma que yo me he estado haciendo desde mayo ¿hacia dónde ha el movimiento estudiantil? Y lo cierto es que es una pregunta de difícil respuesta.
Gabriel Salazar dice que tenemos condiciones de éxito, pues la memoria colectiva chilena ya tiene suficientes antecedentes para llevar a cabo una revolución propia, acumulando los errores, tragedias y aciertos desde 1965 hasta ahora. Y es cierto, pero el movimiento estudiantil ha sido una seguidilla de sorpresas que hacen difícil una proyección. Por ejemplo, durante las vacaciones de invierno estuve absolutamente seguro de que las tomas no durarían después de agosto, pero los lumazos dados el 4 de agosto fueron realmente una inyección de fuerza al movimiento, que desde entonces vuelve fortalecido después de cada período crítico.
A pesar de tener una masa movilizada relativamente estable, no hay un diálogo directo entre los dirigentes secundarios y sus bases. Cientos de colegios se mantienen autónomos y las organizaciones secundarias no han sabido llegar a ellos, sino todo lo contrario: existe un rechazo a la ACES (principalmente luego de su errático comportamiento este año) y a la COMES (que sienten más ligada al establishment político). En definitiva, esa masa estable movilizada, se mantiene más por la fuerza propia que por una buena gestión de los dirigentes, que más que hacer historia, son las caras visibles de una generación histórica.
Y así como existe esa base fuerte, el gobierno ha mostrado una ineptitud sorprendente, con un abierto doble discurso y un pésimo manejo comunicacional, tal como lo demostraron las amenazas de perder el año escolar, los créditos y las becas. Incluso con ese mal manejo, incluso con el ojo del mundo sobre nosotros y con innumerables ocasiones para aprovechar las debilidades del gobierno, los voceros no han sabido decir, por ejemplo, que en tanto existan declaraciones como las del vocero de gobierno, que desvalorizan y deslegitiman al movimiento, una mesa de diálogo no es válida. No han sabido decir, por ejemplo, que en tanto el presidente defienda el lucro con dientes y uñas, el diálogo no es viable. Por sobre todo, no han sabido decir que en tanto la gran parte de los políticos tengan intereses creados en la educación, ellos no son quienes deben legislar al respecto.
Frente a esta crisis del estado, en la que lo establecido es incapaz de entregar calidad de vida ni asegurar la democracia, lo más lógico sería hacer la reforma FUERA del estado, esperando conducir el movimiento hacia la idea de la asamblea constituyente, movilizando a las fuerzas para que en la deliberación conformen una base constituyente y democrática. En este estado poco representativo y con esta clase política viciada, la solución a los problemas de nuestro país no yace en la vía oficial, sino fuera de ella. Y si bien la idea del plebiscito vinculante sonó fuerte en un momento, es casi como si el señor Larraín hubiera convencido a los estudiantes de que un plebiscito no es democrático, porque en algún momento esa idea desapareció, y fue reemplazada por la mesa de diálogo.
Echando a mano nuestra memoria colectiva, las mesas de diálogo siempre han sido infructuosas, las constituciones chilenas siempre han sido ilegítimas y la clase política siempre ha actuado igual. Es hora de cambiar todo eso, pues incluso si alguien piensa que el problema es sólo la educación, el “modelo político-económico chileno” no es perfectible. No se sostiene con más reformas.
¿Hacia dónde va el movimiento? No lo sé, pero ojalá que tanto las bases como los voceros echen mano a su memoria histórica para entender que los cambios no llegarán por parte del ejecutivo, ni por parte del legislativo ni dentro de las vías “constitucionales”. Vendrán de la mano de una ciudadanía consciente y responsable que los saque del poder y aprenda a gobernar.
Camilo A. García
lunes, 8 de agosto de 2011
El legado innegable del movimiento estudiantil chileno
Eran las 10:30 de la mañana del día 4 de agosto del año 2011 en el Parque Balmaceda, en la comuna de Providencia, entre el metro Salvador y la Plaza Baquedano. Una columna de unos 2500 estudiantes de colegios particulares y particulares subvencionados de las comunas de Ñuñoa y Providencia marchaba hacia el punto de reunión de ese día: la Plaza Italia, unos 800 metros más hacia el poniente. Sin si quiera cortar el tránsito, cruzando la calle con luz verde y con diversas manifestaciones culturales (un grupo de “espartanos por la educación” y una batucada), marchaban a paso firme y alegre hacia lo que se esperaba que fuera otro carnaval por la educación pública. A la altura de Condell un bus de carabineros se detuvo en la calzada y abrió sus puertas: 20 carabineros de las fuerzas especiales, lumas en mano, les bloquearon el paso y pidieron hablar con los dirigentes. No podíamos caminar por el parque, no teníamos derecho a reunirnos y ninguno de los uniformados se identificó cuando un profesor se lo pidió. Yo fui a insistir en lo mismo, sin pensar que el carabinero levantaría el garrote e intentaría golpearme en la cabeza. Los carabineros comenzaron a perseguir estudiantes y de la nada apareció el carro lanza-agua a disolvernos, sin si quiera haber dado un paso al frente.
A las 10:45 de la mañana habían 5 detenidos de esa columna de colegios de clase media alta. Sin embargo, nadie cedió y el grupo que parecía disuelto se trasladó al Metro Salvador, donde les cerraron las puertas y carabineros los persiguieron amablemente por el Puente del Arzobispo hasta las afueras de la clínica Santa María. El enorme grupo de estudiantes ya había sido reducido a unos 500, que también fueron dispersados con gases lacrimógenos que efectivos de carabineros arrojaron por todo el rededor de la clínica. Después de un rato se cortó el tránsito en calle Bellavista y pudimos marchar por ahí. En pio nono se nos indicó que podíamos ir a la alameda, pero era una trampa, porque el “guanaco” nos estaba esperando en el puente, listo para mojar a todo el que se le cruce en su camino. Fuimos disueltos, pero volvimos a marchar unas cuadras antes por Bellavista. El olor a gas lacrimógeno era insoportable.
Desparecí en la casa de una amiga de la familia que vivía cerca y que me ofreció asilo en su casa. En las noticias contaban del estado de sitio en el que se encontraba Santiago, repitiéndose los incidentes que iniciaron carabineros con nosotros en casi todas las vías de acceso a Plaza Italia. Me armé de valor y salí a la calle, encontrándome con una batalla entre manifestantes que insistían en marchar (sin lanzar nada a carabineros) y la policía que lanzaba tantas bombas lacrimógenas como tenía a su alcance. Escapé por el sector de los canales de televisión, la calle Inés Matte Urrejola. En ella había un fuerte olor a gas pimienta. A la altura de TVN carabineros perseguía en moto a un grupo de estudiantes que no ofrecían ningún tipo de resistencia. Finalmente subí el cerro san Cristóbal y salí por Pedro de Valdivia, en donde sí me dejaron tomar el metro.
Esa misma noche los vecinos de Santiago harían barricadas por casi todas las intersecciones importantes, se organizarían asambleas ciudadanas y comenzaría la arremetida del pueblo contra la represión. Los más viejos comparaban la brutalidad policiaca con los tiempos de la dictadura y los más jóvenes peleaban entre la rabia y el desconsuelo. En Ñuñoa, el mismo colegio reprimido, sería uno de los que encabezaría los cacerolazos que tienen en jaque a las fuerzas especiales por cuarto día consecutivo. En la Villa Primavera de Puente Alto, un grupo de vecinos saldría a protestar con sus ollas de forma espontánea. Las barricadas se han repetido, las manifestaciones espontáneas también, incluso en Plaza Italia. El gobierno habla del derecho al orden público (por sobre el derecho al libre tránsito o a la libre reunión), los medios acusan intransigencia y los chilenos, o al menos una parte de ellos, va tomando conciencia de la fuerza y la importancia que puede tener la organización.
El legado innegable del movimiento estudiantil es una lección de democracia, un aprendizaje de valentía y de ciudadanía del que he sido testigo. Sin duda algo que podré contar a mis nietos con orgullo. Los estudiantes lucharemos hasta la victoria, ahora con más fuerza que nunca. Plebiscito, abdicación, reforma o asamblea constituyente, no importa la forma, pero lucharemos hasta el final, porque hemos aprendido de una vez que este país es nuestro, no de ellos.