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miércoles, 26 de junio de 2013

Sobre tomas y democracia

Se acercan las primarias y algunos colegios están tomados. Horror. Los valores de la democracia se han perdido y los estudiantes no respetan la institucionalidad republicana. Los medios discuten y le preguntan a cuanta figura pública encuentran asociada a la política sobre si deben desalojarse los colegios. El SERVEL desde las sombras amenaza con enviar a las fuerzas armadas, las históricas “garantes” del sistema estatal. Entonces muchos pensamos en que los estudiantes no son un enemigo y los militares están para combatir enemigos ¿hay un enemigo interno? Otros, muchos otros, dicen que sí, que ya es suficiente, que tienen que irse a clases, que hay que castigarlos y que los militares en los colegios van a abrir paso a la “verdadera” forma de hacer cambios; las elecciones.
Si bien yo pertenezco a un movimiento con mucha vocación de poder (Revolución Democrática), lo primero que tengo que reconocer en el escepticismo de los estudiantes, y lo que le resta peso a las elecciones como argumento para desocupar los colegios, es que el sistema electoral no cambia nada en la práctica. Hasta ahora en los debates televisados hemos visto nula diferenciación entre los candidatos de la alianza, que a su vez no se distancian en nada del actual gobierno; mientras que en la concertación, si bien ahora se llaman a sí mismos “nueva mayoría”, mantienen el discurso y las propuestas (con matices hacia la centro-izquierda con Gómez y hacia la derecha con Velasco) de una vieja minoría que ya estuvo 20 años en el poder, y que frente a los estudiantes se han deslegitimado tras desoír sus demandas y consolidar un modelo que aún hoy son reticentes a cambiar. La elección para esta nueva generación, y particularmente para los estudiantes movilizados, es entre dos grupos que sólo se diferencian en temas valórico-eclesiásticos. Ello le quita validez a las primarias, pues los bandos que participan de ellas no son lo suficientemente heterogéneos como para dar la idea de efectividad del voto, así como también, si miramos a los parlamentarios que muchas veces acompañan a los candidatos de primarias, recordamos también que el binominal mantiene al congreso (y al modelo) igual de estáticos que las primarias.
Cómo se espera entonces que los estudiantes que han nacido bajo el alero de la Concertación y su eterna y superficial batalla con la Alianza, valoren la democracia como aquellos que vivieron la dictadura, si para ellos el sistema democrático no ha mejorado en nada su calidad de vida, sino que ha perpetuado las desigualdades que existen en la sociedad. Actualmente la única manifestación democrática a la que se hace referencia para defender el “modelo democrático chileno” es el plebiscito que acabó con la dictadura, a pesar de que en democracia heredamos sus mecanismos represivos y la estructura de las FFAA y de orden se ha mantenido en las mismas condiciones.
Esto me lleva al segundo punto: ¿Deben ser las Fuerzas Armadas los vigilantes del proceso eleccionario? ¿Si la sociedad civil, o una parte de ella ocupan un espacio destinado a las elecciones, debe enviarse a las FFAA en vez de buscar otro local? A veces uno no se cuestiona ciertas cosas que parecen casi naturales, pero en lo personal creo que el que hayan militares “defendiendo” la democracia me parece un resabio muy duro de un sistema marcial que no quiere irse de nuestro país. El sólo hecho de plantear el desalojo por la vía militar es considerar a los estudiantes movilizados como un enemigo a combatir. En lo personal no creo que Chile tenga enemigos que combatir, ni creo que existan, ni aquí ni en ninguna parte, enemigos internos de un Estado. Obviamente, lo que nuestros militares y carabineros siguen aprendiendo desde EEUU y su base en Concón es todo lo contrario.
Incluso dejando a las FFAA de lado, a los militares vestidos de camuflaje verde que tanto se nos viene a la mente, en este momento, las FFEE de Carabineros son un ente militar de choque entre el Estado y la sociedad civil, son un ejército interno que ha sido usado para maltratar y torturar no sólo a estudiantes, sino también trabajadores y secundarios. Justo por estos días Observadores de DDHH hace una muestra sobre lo que se ha constatado en torturas desde Fuerzas Especiales de Carabineros hacia estudiantes.

Realmente como país tenemos poco y nada que rescatar de nuestra democracia más que su simbolismo. El mismo simbolismo de la democracia que los estudiantes son incapaces de comprender porque se los priva de educación cívica cuando están en la escuela. Un país en donde las instituciones son inamovibles, en donde las elecciones no cambian nada, en donde el Congreso está atado de manos y en donde las instituciones represoras y la lógica de la fuerza armada contra el pueblo sigue imperando en el qué hacer estatal, es imposible pedirle a los estudiantes que desocupen su lugar de estudio, que sienten les pertenece mucho más que un sistema que no les da cabida ni solución a sus problemas.

sábado, 15 de septiembre de 2012

#YoNoPrestoElVoto, o por qué la desconfianza en la política impide mejorar la política

Hace no muchos días me enteré de la campaña que están emprendiendo varios grupos de estudiantes secundarios y universitarios de “funar” las elecciones a través de la iniciativa #YoNoPrestoElVoto, que hace un llamado a no votar por quienes, por años, nos han traicionado usando sus cargos para fines personales. También es, tácitamente, un llamado a no votar.

Comparto plenamente la idea de que los políticos se han convertido prácticamente en una casta dentro de nuestro país, y que al momento de enfrentarse a las elecciones no hay realmente ninguna capacidad de elegir alternativas políticas. Se vota por un apellido, por una sonrisa, por el candidato que sale al lado de Bachelet, Golborne o Allamand. El sistema binominal y los partidos políticos tradicionales (todos entre el Partido Comunista y la UDI) nos han acostumbrado que no importe por quién se vote “seguiremos igual”. Comparto esa opinión.

En mi comuna por lo menos, Santiago Centro, no importa si voto por Zalaquett o por Tohá. Quizás Zalaquett encarna algunas de las peores cosas que puede encontrar uno en militantes de la UDI. Pero sea como sea, Tohá es de la misma concertación que no apoyó a los estudiantes en la revolución pingüina del 2006 y tanto ella como el abanderado de la derecha van a seguir dando concesiones a cafés para que funcionen como prostíbulos encubiertos, seguirán permitiendo la destrucción del patrimonio arquitectónico e histórico de la comuna para la construcción de edificios de departamentos y no ofrecen soluciones concretas a los problemas de seguridad, infraestructura vial ni creación y cuidado de áreas verdes que necesita la comuna.
Sólo en el último año algunas voces dentro de la concertación han levantado propuestas radicales como la asamblea constituyente (Algunos miembros del partido radical), pero también otros han repudiado esas iniciativas escudándose en lo cómoda que están los políticos en Chile (Escalona y su discurso que no vale la pena comentar). Si algo han hecho Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet ha sido consolidar el modelo neoliberal en nuestro país, y lo han defendido con dientes y uñas. No son oposición. Pueden diferir de los valores morales del Opus Dei y los Legionarios de Cristo, pero no son distintos en absoluto a la UDI y RN en todo lo demás. Y el hecho de que con tanto empeño el Partido Comunista busque entrar en la Concertación, y que sus diputados tengan tan bajo perfil en el congreso es también señal inequívoca de que pertenece, o quiere pertenecer a nuestra “casta política”.

Por eso puedo comprender, y hasta incluso compartir la campaña de #YoNoPrestoElVoto, porque yo tampoco quiero usar mi recién ganado poder de voto para elegir a los mismos de siempre. Pero donde difiero, y donde creo que se manifiesta la inmadurez de la iniciativa, es que en vez de proponer una alternativa, es una funa total ¿qué sucede con candidatos ciudadanos que sí se posicionan como una alternativa como Josefa Errázuriz? ¿qué sucede con los intentos de los jóvenes de incursionar en la política? El sistema necesita cirugía mayor, pero eso no significa que todas las campañas e intentos de entrar en la política sean malos.

Incluso si se vea como una alternativa relativamente sensata el no elegir ninguna alternativa, me preocupa la falta de visión política. El movimiento social no puede triunfar si no ocupa los espacios políticos, y no podemos esperar eternamente la muerte de los partidos políticos tradicionales, ni que quienes están extremadamente cómodos con el modelo vayan a hacer algo por cambiarlo. Para acompañar la funa a estas elecciones debería venir, a lo menos, la idea de construir un nuevo referente, diferente del Partido Comunista y la Concertación, ideado y controlado por quienes están (estamos) hartos de la política convencional.

Por eso, no basta con funar la política tradicional para cambiarla. Dar vuelta la cabeza y dedicarse sólo a la crítica sólo dejará que las cosas sigan su curso sin los jóvenes, que hasta ahora no han sido una fuerza política. En mi caso, #YoNoPrestoElVoto a nadie, pero tampoco quiero desperdiciarlo. 

Camilo A. García

jueves, 16 de agosto de 2012

La difícil tarea de profundizar el debate secundario


Siempre he sido muy crítico del fundamentalismo en las organizaciones secundarias. La polarización de posturas finalmente limita el debate a cosas básicas, como la inclusión (o no) de partidos políticos, o la desmunicipalización de la enseñanza; cosas en las que se puede tener total consenso o división, sin matices. En esos casos es fácil levantar arengas (como funar las elecciones) para arrear a la mayor cantidad de colegios a cada organización (son ideas atractivas, que suenan radicales) y llamarse consecuente ante ideas básicas, pero el análisis sobre educación se detiene y el discurso público de los voceros pierde base y sentido.

Para hacer cualquier cambio democrático hay que lograr primero un cambio en las conciencias de la ciudadanía. El año pasado se introdujo el movimiento estudiantil con grandes manifestaciones culturales que le gustaron mucho a la gente. Este año la tónica ha sido la represión policial de cualquier manifestación de descontento que, por supuesto, vuelve a los jóvenes más violentos. Estas manifestaciones de violencia son naturales, no son demoniacas ni mucho menos van a partir al país en dos, pero la visión que la opinión pública tiene de ellas es nefasta. Independientemente de si se apoya o no la violencia callejera, un poco de cinismo a la hora de hablar del tema no vendría mal. Responder a ese tipo de cuestionamiento, con propuestas y soluciones concretas en educación, tampoco.

Y es que las demandas actuales del movimiento secundario evidencian el estado de agonía por el que pasa la educación en Chile: Si las tres mayores demandas son reconstrucción, cese de hostigamiento político y desmunicipalización, entonces quiere decir que ni si quiera existen las condiciones básicas para estudiar y debatir (perfecto, eso lo sabíamos todos). Llevar la discusión más allá de lo superficial sería una excelente idea. Claramente cuando tienes un colegio de cartón es difícil pensar en teorías educativas, pero para las asambleas no es tan complicado. Se hizo el 2006 y se puede hacer este 2012.

Hablar de, por ejemplo, ¿cómo deberían aprender los estudiantes? ¿de qué forma tiene que modificarse la relación entre los estudiantes y sus profesores y colegio para que mejore la calidad de la enseñanza? Son preguntas difíciles y que tienen necesariamente un trasfondo ideológico (¿qué rol tiene el profesor? ¿es una autoridad o es un guía? ¿deben ser los colegios inclusivos? ¿cómo se justifica el autoritarismo de los sostenedores en el modelo?) pero necesarias para la evolución del movimiento, y evitar estancarse en discursos “panfleto” como los que he escuchado últimamente, que sólo buscan agitar a una masa de personas que por lo demás ya es consciente de los problemas. Profundizar el debate es, además, empoderarse y dar un paso adelante, decirle al gobierno y la ciudadanía que los secundarios no sólo luchan, sino que tienen la madurez para pensar en soluciones para el mayor problema que hay en este momento: la educación escolar.

Incluso una nueva forma de pensar en la incursión política. La constitución chilena debe ser cambiada, y el proceso constituyente es una necesidad, pero rechazar cualquier intento de participar en política es nefasto. En un sistema político que necesita más jóvenes no se puede tener a las organizaciones de jóvenes llamando traidores a quienes opten por una vía “oficial”; más allá de las aprehensiones que se puedan tener con los partidos políticos, que comparto totalmente, la vía oficial, lejos de ser traición, es una propuesta alternativa para llegar a un mismo objetivo, válida en tanto mantenga sus ideales.

Con un discurso más majadero, que haga énfasis constante en los errores del gobierno, la perversidad del actuar de las FFEE en las movilizaciones, los montajes y la relación evidente que hay entre los políticos y el negocio de la educación se puede neutralizar la campaña de desprestigio del gobierno, e incluso contrarrestarla. Un debate sobre educación que crezca en complejidad y en propuestas, que bien puede ser ayudado por académicos que apoyan al movimiento; y mayor tolerancia hacia los proyectos distintos que puedan emerger del movimiento social, el movimiento estudiantil puede convertirse en un movimiento ciudadano, político e ideológico que logre cambiar la educación y la democracia en Chile.

Camilo A. García

domingo, 8 de abril de 2012

Un país de mierda


Anteriormente ya había dicho que no me gusta vivir en un país que es incapaz de aceptar que soy un ser capaz de amar. Quizá si lo acepte, sólo que no quiere o no le gusta o sencillamente es un país de mierda. Yo mismo me siento un poco parte de esa mierda por usar el caso de Daniel Zamudio como ejemplo, por manosear el nombre de ese compañero de “gremio” que fue enterrado con esvásticas grabadas en su cuerpo.



El odio y la intolerancia alcanzaron su punto más alto, no en  Daniel, sino en los descerebrados de sus agresores. Los estúpidos nazis chilenos no son nada más que una parte de nuestra idiosincrasia hecha persona. Hay una carta en la puerta de la posta central sobre “nuestra cultura de la burla”. Nuestra cultura promueve muchos tipos de odio y no nos damos cuenta, o no nos interesa, o nos interesa sólo cuando muere alguien. Es una situación incómoda y hay que sacar un discurso progresista para salir de ella. Si hasta Zalaquett ahora apoya a los homosexuales después de todas las redadas que han hecho los nazis en el Parque San Borja o en el Parque Forestal y de las que el municipio ha sido testigo y cómplice.

El humor sobre los homosexuales es siempre una exageración de nuestra sexualidad, el término “maricón”, por mucho que el SERNAM quiera volverlo sinónimo de agresión a la mujer, significa “poco hombre”, y en el fondo, “homosexual”. Es un termino despectivo difundido  cuando, hace no tan poco, ser homosexual era un crimen. Así como desde pequeños sabemos que “maricón” es algo malo, también sabemos que tenemos que ser “bien hombrecitos para nuestras cosas” porque las mujeres son demasiado mujeres para el honor. Y crecemos con la idea de la unidad nacional y el orden público como objetos últimos de la política.

Somos mucho más fascistas de lo que creemos ser. No nos permitimos la discrepancia, ni la protesta. No permitimos que nuestros niños respondan a nuestros retos. No podemos protestar, ni agarrarnos a trompas con el carabinero que nos agarra a palos. Pedimos sumisión y llamamos al odio. Llamamos al odio Llamamos al odio Llamamos al odio. Quiero repetirlo hasta quedar disfonico. En un país que odia los nazis son sólo una consecuencia lógica. Me da igual si se dicen “neonazis”, “nacional socialistas” (NAZI, en alemán), “nacionalistas” o miembros del Frente Orden Nacional. Como sea son enfermos vástagos de una sociedad que los parió para ignorarlos y culparlos de sus vergüenzas. Y están creciendo en número.




Estoy hastiado con toda esta hipocresía de país correctito que le achaca la pobreza a la flojera para poder quitarse responsabilidad. Cuando tapamos nuestra intolerancia con mandatos morales como “la familia”; cuando hablamos de la santidad de la vida desde la concepción y nos olvidamos de los vivos una vez que nacen.

Por respeto a Daniel Zamudio lo voy a dejar en paz, y voy a hablar y cargar con los verdaderos culpables, que somos todos nosotros. 

lunes, 17 de octubre de 2011

La dictadura silenciosa parte 1: Oportunidades y Derechos



Que nadie lo niegue: aunque el Ministro Lavín tenga cara de tonto, no es tonto, como tampoco lo es nuestro ignorante presidente. Es por eso que cuando dijo que la dictadura había hecho una revolución silenciosa, ciertamente supo manifestar de forma bastante concisa que el gobierno militar cambió diametralmente la dirección del país desde el ‘73 hasta el ‘87. En menos de 20 años habíamos pasado del “socialismo” allendista al neoliberalismo importado de Chicago. El modelo estaba fresco, se perfeccionó lo más que pudo y en los 10 años siguientes se desarrollaría todavía más: un grupo político anunció el cambio y trajo consigo la confianza y la apatía que les permitió tomar las riendas del nuevo sistema (e incluso profundizarlo y recibir con ello aún más grandes réditos), los jóvenes terminaron por abrazar la apatía y con ello la revolución estuvo completa: un nuevo sistema político, social y económico se había instalado y la gente no lo identificaba, sólo entendía de caras: Pinochet, Manuel Contreras, Mónica Madariaga. Incluso hubo algunos colados que “pasaron piola”: La Democracia Cristiana (otrora golpista), Labbé (antes represor), todos los altos cargos del ejército y la policía se mantienen eventualmente en las mismas familias.

Se necesitó que las generaciones avanzaran y recién el 2006 vimos un avance en la forma de ver el sistema. Al 2011 son los mismos secundarios de entonces los universitarios de ahora; los estudiantes de primaria de entonces, los secundarios de ahora. Pero incluso con esta conciencia renovada hay ciertas cosas que aún no cambian en el resto de la sociedad: en materia de políticas públicas seguimos hablando de oportunidades en vez de derechos, seguimos considerando cuerda y normal a la doctrina de seguridad interior del estado, seguimos teniendo a personeros de la dictadura en el poder y no somos capaces de identificarlos.

Hoy me quiero detener en la primera: oportunidades en vez de derechos. Los mismos estudiantes nos perdemos cuando nos referimos a la igualdad de oportunidades, olvidándonos de la opcionalidad implícita del término. Es por esto que cuando los señores revolucionarios del gobierno hablan de educación con igualdad de oportunidades, no se refieren a educación para todos, sino que educación para “los que quieren”. Obviamente el querer educarse o no depende mucho de la formación de los padres, el entorno socioeconómico y la estimulación temprana del individuo, por lo que los pobres “tomarán” menos oportunidades; ello por falta de capacidad o ganas, pero tomarán menos, y entonces, el problema del acceso a la educación, les será atribuible a “los flojos pobres”, puesto que 49% de los chilenos de verdad cree que la pobreza está estrechamente ligada a la flojera (CEP de dic/2010).
Extrapolemos el “sistema de oportunidades en la educación” (sistema privado-subvencionado-público) a la salud, el trabajo, la vivienda, la previsión y el desarrollo cultural y veremos que en realidad, la elección no es real, por tanto las políticas del gobierno en esas materias, en tanto no aseguren derechos y designen como responsables a organismos que puedan realizar de manera efectiva el cambio para su cumplimiento, no estarán avanzando realmente, sino que creando nichos de mercado para la inversión privada. Tal como lo hizo fallidamente Pinochet hace 20 años al desmembrar las empresas del estado, algo en lo que luego la concertación fue exitosa, pues generó estabilidad política para darle seguridad a esta inversión de recursos.

Esta nueva y “revolucionaria” forma de ver la administración pública atraerá inversores como moscas y deteriorará la calidad de vida a niveles alarmantes (peores que ahora). Así como los inversores no quisieron venir entonces por la inestabilidad política, la única forma de evitar la “oportunización” de nuestros derechos es generar la suficiente tensión para que el valor de las acciones ya no influya en nuestras vidas.
Camilo A. García

miércoles, 21 de abril de 2010

El Terremoto Hipócrita y los damnificados de siempre.

Así ha sido llamado el terremoto del pasado 27 de febrero de 2010, pues gran parte de los edificios colapsados o con daños estructurales severos (en santiago, al menos), mantenían su fachada intacta. Quizá la estructura social chilena también sea hipócrita.

La ayuda los damnificados no se ha hecho esperar. China, Rusia, EEUU, el Reino Unido, Cuba, España, Argentina, Venezuela, Bolivia, Perú, Brasil y muchos países más han ofrecido y entregado ayuda humanitaria para las víctimas del sismo ¿pero qué con las víctimas de todos los días? Había gente en la calle desde antes ¿no fue el año antepasado que una mendiga que sabía leer dio un discurso televisivo para la Presidenta Bachellet? Todos tenemos demasiada mala memoria en este país. Antes del terremoto la gente de los departamentos básicos también vivía en condiciones indignas, la diferencia está en que la leña en los cubículos de la villa futuro, en Chiguayante, ahora la queman afuera.

Los desastres naturales son terribles, pero dejan ver una realidad muy importante: no somos todos iguales. Muchos ahora se llenan la boca diciendo que a todos se les movió el piso por igual, pero es cuestión de comparar a los ancianos, familias e inmigrantes del barrio yungay, o de todo santiago centro, con los departamentos de Vitacura y Lo Barnechea para darse cuenta de que sólo a algunos se les cayó el techo, sólo a algunos los maltrató el terremoto. A lo mejor las "marías" de los ricos tuvieron que limpiar los platos rotos, pero si comparamos el volumen de noticias de daños estructurales en el barrio alto (2 edificios reportados, ambos en Las Condes), con los de zonas de clase media / media-baja, tendremos el espectro de la pobreza país, de su ubicación. Es cierto: a todos se nos movió el piso, pero no todos eran anti sísmicos.

Da pena, mucha pena, ver cómo los politicos se aprovechan de las circunstancias para evitar los mea culpas (como en el cónclave de la concertación, o la derrota del PP en las pasadas elecciones), para evadir promesas de campaña (bonos y reformas, o añadir nuevas: como privatizar codelco), seguir posponiendo a los damnificados de siempre y atender a los dañados por el terremoto. Es curioso que casi siempre, ambas categorías de daño material, son las mismas. ¿acaso en chiguayante tienen dinero para pagar los abogados que demandaron a las empresas constructoras de Ñuñoa? No, claro que no, así que dificilmente recibirán una compensación económica por las molestias de que sus cajas de fósforos se rajaran enteras. Y es que el terremoto ha sido una excusa para meter a todos los pobres en el mismo saco, no el de los pobres del sistema, no el de los tipicos pobres "flojos" "poco emprendedores" "tontos" -según ellos-, sino que el de los pobres "SHILEEENOS", que levantan una bandera llena de barro, pensando que puede llegar algún dia a ser un símbolo de lo que realmente somos como país. Los pobres del terremoto son los pobres que se superan, que les regalan una mediagua, que luego con esfuerzo reconstruyen su casa, su pueblo, su escuela, su región; pero que tienen que volver a trabajar a la forestal, a la construcción, salir a pescar lo poco que les dejan, a vender en la micro, a vender en el mall, a atender el call center; y en definitiva, a ganar la misma miseria de sueldo que antes, porque por culpa del terremoto no quedó plata para dignificar su trabajo, para darle una buena calidad de vida. Los pobres del terremoto seguirán siendo pobres luego de recuperar sus viviendas, porque la razón de haber quedado en la calle es la falta de estudios, porque les metieron el dedo en la boca con una casa mal construida, porque les vendieron unas fuerzas armadas mal coordinadas, represoras; porque nunca les avisaron a tiempo con un sistema que era pagado por sus impuestos, y que les prometieron, era perfecto. Por eso, los damnificados del terremoto, somos los damnificados de siempre.

Tengo contabilizados 11 muertos por la acción de las fuerzas armadas en concepción y talca (según fuentes de la agrupación de DDHH de los 119). Fueron los militares penquistas quienes, alertados por las hordas (que nunca llegaron) de flaites de las poblaciones marginales aledañas, se armaron hasta los dientes y se atrincheraron a lo "comando" en los alrededores del estadio de concepción. Luego eran los dueños de camionetas y furgones los que saqueaban las tiendas. Pongo mis manos al fuego porque la mayor parte de los saqueadores tiene más de un televisor en su casa (desde antes del terremoto), ve mucha televisión abierta y lee poco: el perfil del chileno medio. No es que seamos una "raza de ladrones" o una "raza de holgazanes", que es lo que nos han dicho siempre, y que es la justificacion para el "fracaso"· de chile a nivel internacional; No, somos consumistas y flojos, porque eso es lo que nos dice todo lo que vemos: el mundial habia que verlo en HD, ahora tiene que ser en 3D, aunque provoque epilepsia y daños neurologicos; tenemos que tener ese refrigerador gigante, porque hay mucho que guardar; porque hay mucho que debemos comer; necesitamos el super equipo de música, porque si no es de 2600W de potencia, no es de "gente de bien"; tenemos que tener un celular "touch", porque es la moda que la lleva, porque tenemos que provocar envidia. La cultura del miedo, el consumismo y el capitalismo en general han dado como resultado de la ecuación al vandalismo, al salvajismo, a la usura, al robo; pero como consecuencia natural del medio en el que fuimos insertos, en el que se nos pide que lo hagamos todo fácil, todo inmediato, todo barato; pero también se nos pide que vigilemos al vecino, al que es moreno, al que es homosexual, al que es más joven, al que es más viejo, porque en cualquier momento nos viene a violar, a matar, a robar, a apuñalar, a secuestrar. Y es así como una vieja pide que los militares disparen (y terminaron matando a patadas a un linjera), cómo los milicos retirados casi matan a un periodista, cómo lanzamos un estado de sitio, luego de prometer que nunca más habría uno. Tenemos miedo, de no tener, de nuestro prójimo.

La raza chilena no es saqueadora, la publicidad lo es, el mercado lo es

Los terremotos no crean pobres, sólo los sacan a la luz.