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domingo, 8 de abril de 2012

Un país de mierda


Anteriormente ya había dicho que no me gusta vivir en un país que es incapaz de aceptar que soy un ser capaz de amar. Quizá si lo acepte, sólo que no quiere o no le gusta o sencillamente es un país de mierda. Yo mismo me siento un poco parte de esa mierda por usar el caso de Daniel Zamudio como ejemplo, por manosear el nombre de ese compañero de “gremio” que fue enterrado con esvásticas grabadas en su cuerpo.



El odio y la intolerancia alcanzaron su punto más alto, no en  Daniel, sino en los descerebrados de sus agresores. Los estúpidos nazis chilenos no son nada más que una parte de nuestra idiosincrasia hecha persona. Hay una carta en la puerta de la posta central sobre “nuestra cultura de la burla”. Nuestra cultura promueve muchos tipos de odio y no nos damos cuenta, o no nos interesa, o nos interesa sólo cuando muere alguien. Es una situación incómoda y hay que sacar un discurso progresista para salir de ella. Si hasta Zalaquett ahora apoya a los homosexuales después de todas las redadas que han hecho los nazis en el Parque San Borja o en el Parque Forestal y de las que el municipio ha sido testigo y cómplice.

El humor sobre los homosexuales es siempre una exageración de nuestra sexualidad, el término “maricón”, por mucho que el SERNAM quiera volverlo sinónimo de agresión a la mujer, significa “poco hombre”, y en el fondo, “homosexual”. Es un termino despectivo difundido  cuando, hace no tan poco, ser homosexual era un crimen. Así como desde pequeños sabemos que “maricón” es algo malo, también sabemos que tenemos que ser “bien hombrecitos para nuestras cosas” porque las mujeres son demasiado mujeres para el honor. Y crecemos con la idea de la unidad nacional y el orden público como objetos últimos de la política.

Somos mucho más fascistas de lo que creemos ser. No nos permitimos la discrepancia, ni la protesta. No permitimos que nuestros niños respondan a nuestros retos. No podemos protestar, ni agarrarnos a trompas con el carabinero que nos agarra a palos. Pedimos sumisión y llamamos al odio. Llamamos al odio Llamamos al odio Llamamos al odio. Quiero repetirlo hasta quedar disfonico. En un país que odia los nazis son sólo una consecuencia lógica. Me da igual si se dicen “neonazis”, “nacional socialistas” (NAZI, en alemán), “nacionalistas” o miembros del Frente Orden Nacional. Como sea son enfermos vástagos de una sociedad que los parió para ignorarlos y culparlos de sus vergüenzas. Y están creciendo en número.




Estoy hastiado con toda esta hipocresía de país correctito que le achaca la pobreza a la flojera para poder quitarse responsabilidad. Cuando tapamos nuestra intolerancia con mandatos morales como “la familia”; cuando hablamos de la santidad de la vida desde la concepción y nos olvidamos de los vivos una vez que nacen.

Por respeto a Daniel Zamudio lo voy a dejar en paz, y voy a hablar y cargar con los verdaderos culpables, que somos todos nosotros. 

lunes, 17 de octubre de 2011

La dictadura silenciosa parte 1: Oportunidades y Derechos



Que nadie lo niegue: aunque el Ministro Lavín tenga cara de tonto, no es tonto, como tampoco lo es nuestro ignorante presidente. Es por eso que cuando dijo que la dictadura había hecho una revolución silenciosa, ciertamente supo manifestar de forma bastante concisa que el gobierno militar cambió diametralmente la dirección del país desde el ‘73 hasta el ‘87. En menos de 20 años habíamos pasado del “socialismo” allendista al neoliberalismo importado de Chicago. El modelo estaba fresco, se perfeccionó lo más que pudo y en los 10 años siguientes se desarrollaría todavía más: un grupo político anunció el cambio y trajo consigo la confianza y la apatía que les permitió tomar las riendas del nuevo sistema (e incluso profundizarlo y recibir con ello aún más grandes réditos), los jóvenes terminaron por abrazar la apatía y con ello la revolución estuvo completa: un nuevo sistema político, social y económico se había instalado y la gente no lo identificaba, sólo entendía de caras: Pinochet, Manuel Contreras, Mónica Madariaga. Incluso hubo algunos colados que “pasaron piola”: La Democracia Cristiana (otrora golpista), Labbé (antes represor), todos los altos cargos del ejército y la policía se mantienen eventualmente en las mismas familias.

Se necesitó que las generaciones avanzaran y recién el 2006 vimos un avance en la forma de ver el sistema. Al 2011 son los mismos secundarios de entonces los universitarios de ahora; los estudiantes de primaria de entonces, los secundarios de ahora. Pero incluso con esta conciencia renovada hay ciertas cosas que aún no cambian en el resto de la sociedad: en materia de políticas públicas seguimos hablando de oportunidades en vez de derechos, seguimos considerando cuerda y normal a la doctrina de seguridad interior del estado, seguimos teniendo a personeros de la dictadura en el poder y no somos capaces de identificarlos.

Hoy me quiero detener en la primera: oportunidades en vez de derechos. Los mismos estudiantes nos perdemos cuando nos referimos a la igualdad de oportunidades, olvidándonos de la opcionalidad implícita del término. Es por esto que cuando los señores revolucionarios del gobierno hablan de educación con igualdad de oportunidades, no se refieren a educación para todos, sino que educación para “los que quieren”. Obviamente el querer educarse o no depende mucho de la formación de los padres, el entorno socioeconómico y la estimulación temprana del individuo, por lo que los pobres “tomarán” menos oportunidades; ello por falta de capacidad o ganas, pero tomarán menos, y entonces, el problema del acceso a la educación, les será atribuible a “los flojos pobres”, puesto que 49% de los chilenos de verdad cree que la pobreza está estrechamente ligada a la flojera (CEP de dic/2010).
Extrapolemos el “sistema de oportunidades en la educación” (sistema privado-subvencionado-público) a la salud, el trabajo, la vivienda, la previsión y el desarrollo cultural y veremos que en realidad, la elección no es real, por tanto las políticas del gobierno en esas materias, en tanto no aseguren derechos y designen como responsables a organismos que puedan realizar de manera efectiva el cambio para su cumplimiento, no estarán avanzando realmente, sino que creando nichos de mercado para la inversión privada. Tal como lo hizo fallidamente Pinochet hace 20 años al desmembrar las empresas del estado, algo en lo que luego la concertación fue exitosa, pues generó estabilidad política para darle seguridad a esta inversión de recursos.

Esta nueva y “revolucionaria” forma de ver la administración pública atraerá inversores como moscas y deteriorará la calidad de vida a niveles alarmantes (peores que ahora). Así como los inversores no quisieron venir entonces por la inestabilidad política, la única forma de evitar la “oportunización” de nuestros derechos es generar la suficiente tensión para que el valor de las acciones ya no influya en nuestras vidas.
Camilo A. García

lunes, 8 de agosto de 2011

El legado innegable del movimiento estudiantil chileno

Eran las 10:30 de la mañana del día 4 de agosto del año 2011 en el Parque Balmaceda, en la comuna de Providencia, entre el metro Salvador y la Plaza Baquedano. Una columna de unos 2500 estudiantes de colegios particulares y particulares subvencionados de las comunas de Ñuñoa y Providencia marchaba hacia el punto de reunión de ese día: la Plaza Italia, unos 800 metros más hacia el poniente. Sin si quiera cortar el tránsito, cruzando la calle con luz verde y con diversas manifestaciones culturales (un grupo de “espartanos por la educación” y una batucada), marchaban a paso firme y alegre hacia lo que se esperaba que fuera otro carnaval por la educación pública. A la altura de Condell un bus de carabineros se detuvo en la calzada y abrió sus puertas: 20 carabineros de las fuerzas especiales, lumas en mano, les bloquearon el paso y pidieron hablar con los dirigentes. No podíamos caminar por el parque, no teníamos derecho a reunirnos y ninguno de los uniformados se identificó cuando un profesor se lo pidió. Yo fui a insistir en lo mismo, sin pensar que el carabinero levantaría el garrote e intentaría golpearme en la cabeza. Los carabineros comenzaron a perseguir estudiantes y de la nada apareció el carro lanza-agua a disolvernos, sin si quiera haber dado un paso al frente.

A las 10:45 de la mañana habían 5 detenidos de esa columna de colegios de clase media alta. Sin embargo, nadie cedió y el grupo que parecía disuelto se trasladó al Metro Salvador, donde les cerraron las puertas y carabineros los persiguieron amablemente por el Puente del Arzobispo hasta las afueras de la clínica Santa María. El enorme grupo de estudiantes ya había sido reducido a unos 500, que también fueron dispersados con gases lacrimógenos que efectivos de carabineros arrojaron por todo el rededor de la clínica. Después de un rato se cortó el tránsito en calle Bellavista y pudimos marchar por ahí. En pio nono se nos indicó que podíamos ir a la alameda, pero era una trampa, porque el “guanaco” nos estaba esperando en el puente, listo para mojar a todo el que se le cruce en su camino. Fuimos disueltos, pero volvimos a marchar unas cuadras antes por Bellavista. El olor a gas lacrimógeno era insoportable.

Desparecí en la casa de una amiga de la familia que vivía cerca y que me ofreció asilo en su casa. En las noticias contaban del estado de sitio en el que se encontraba Santiago, repitiéndose los incidentes que iniciaron carabineros con nosotros en casi todas las vías de acceso a Plaza Italia. Me armé de valor y salí a la calle, encontrándome con una batalla entre manifestantes que insistían en marchar (sin lanzar nada a carabineros) y la policía que lanzaba tantas bombas lacrimógenas como tenía a su alcance. Escapé por el sector de los canales de televisión, la calle Inés Matte Urrejola. En ella había un fuerte olor a gas pimienta. A la altura de TVN carabineros perseguía en moto a un grupo de estudiantes que no ofrecían ningún tipo de resistencia. Finalmente subí el cerro san Cristóbal y salí por Pedro de Valdivia, en donde sí me dejaron tomar el metro.

Esa misma noche los vecinos de Santiago harían barricadas por casi todas las intersecciones importantes, se organizarían asambleas ciudadanas y comenzaría la arremetida del pueblo contra la represión. Los más viejos comparaban la brutalidad policiaca con los tiempos de la dictadura y los más jóvenes peleaban entre la rabia y el desconsuelo. En Ñuñoa, el mismo colegio reprimido, sería uno de los que encabezaría los cacerolazos que tienen en jaque a las fuerzas especiales por cuarto día consecutivo. En la Villa Primavera de Puente Alto, un grupo de vecinos saldría a protestar con sus ollas de forma espontánea. Las barricadas se han repetido, las manifestaciones espontáneas también, incluso en Plaza Italia. El gobierno habla del derecho al orden público (por sobre el derecho al libre tránsito o a la libre reunión), los medios acusan intransigencia y los chilenos, o al menos una parte de ellos, va tomando conciencia de la fuerza y la importancia que puede tener la organización.

El legado innegable del movimiento estudiantil es una lección de democracia, un aprendizaje de valentía y de ciudadanía del que he sido testigo. Sin duda algo que podré contar a mis nietos con orgullo. Los estudiantes lucharemos hasta la victoria, ahora con más fuerza que nunca. Plebiscito, abdicación, reforma o asamblea constituyente, no importa la forma, pero lucharemos hasta el final, porque hemos aprendido de una vez que este país es nuestro, no de ellos.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Mi Primer Escrito

Del año 2005, esta mierda tiene enormes errores al intentar ser profunda, pero sin embargo, fué publicada en una revista ahora muerta.
¡¿Humano?!

Muchas veces hemos dicho “lo que hizo es inhumano”, o “un gesto muy humano de su parte”. Creo que es hora de enmendar ese error.

Si pudiéramos definir el término “humano”, diríamos que es aquel mono lampiño con la naturaleza y el pensamiento del ser humano, en el fondo, su esencia. Dios le dio a su especie predilecta la capacidad de caminar en dos patas, de poder preguntarse y buscar respuestas y de tratar de lograr objetivos. Pero no pensó que el mono era tan parecido al borrego, su especie predilecta ha tomado sus capacidades al pie de la letra, ahora nos lo preguntamos todo, dudamos de nuestra existencia, hacemos lo imposible para respondernos, hacemos locuras, de todo, para tratar de lograr un objetivo, por insípido que sea, que no les interesa nada que no les ayude a lograr un objetivo o responder una pregunta. Humanidad es cumplir la voluntad divina de ser como son, ser humanos es ser los enviados de dios a la tierra para acabar con la perfección que antes reinaba. Humanidad es rebajarse a dios.

Si por el contrario, definiéramos inhumano. Podría decirse que es cualquier cosa que no sea humana, Por lo tanto, inhumano, es aquel que puede sentir, que puede pensar en el que esta a su lado, parar en la carrera del objetivo para ayudar a quien se cayo, quienes se preocupan por alguien que no sea ellos, que les interesan los que no les ayudan en nada, que son capaces de rechazar el dinero por sentir esto que llamamos amor. Inhumanidad es ocupar el alma que “dios” nos dio por error (¿ven?, dios también comete errores. Que los humanos evolucionaran a inhumanos por ejemplo). ¿Ahora tienen claro lo que es inhumanidad?.

Un par de ejemplos:
En el colegio o en la infancia: ¿a mi que carajo me importa dejarte secuelas mentales y/o físicas si yo me he divertido mucho molestándote y/o golpeándote?
En el trabajo: ¡a mi que … me importa que tú trabajes como burro, que te incomode mi presencia, que ganes poco por lo que haces?, si yo estoy en un rango mas alto, si las leyes me amparan, si tu firmaste un contrato y yo en el fondo domino tu vida, los regalos de tus hijos, tu calidad de vida, lo que COMES.

Ahora expliquemos lo que son las leyes: son un tratado muy antiguo en el cuál los humanos protegerán a los inhumanos de sus actos más terribles (aunque los cometen entre ellos), a cambio de que los inhumanos se sometan completamente a los humanos.

Y finalmente un consejo: si se sintieron tocados por lo humano, pongan a trabajar eso que le llaman alma, sean más inhumanos. Si se sintieron tocados por lo de los inhumanos, enorgullézcanse, son más perfectos que “dios”, este ser que trata de demostrar una existencia sin sentido ni razón. Una última sugerencia: hagamos todos de este mundo un lugar mejor, no respetemos las reglas que nos aprisionan y hacen de este mundo un lugar más monótono, que hacen a los inhumanos más predecibles y manejables ante los humanos y que solo pueden quitarnos el alma, la vida y la creatividad. A no favorecer a los jefes de estado, ni a ninguna autoridad a que mejore su estilo de vida, solamente pisoteando a los demás, usando el dinero como anzuelo, como tentación para hacerlo, usándolo para todo.

no puede ser peor