Disparates Póstumos
Política, Sociedad, Cultura... y otras cosas que se me ocurran en el camino.
lunes 17 de octubre de 2011
La dictadura silenciosa parte 1: Oportunidades y Derechos
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viernes 7 de octubre de 2011
¿hacia dónde va el movimiento estudiantil?
Desde que dejé la vocería de la coordinadora metropolitana y me retiré de las cúpulas del movimiento he estado dando charlas en colegios, algunos no movilizados y otros en toma o paro. No importa el tema de la exposición, siempre la pregunta más recurrente es la misma que yo me he estado haciendo desde mayo ¿hacia dónde ha el movimiento estudiantil? Y lo cierto es que es una pregunta de difícil respuesta.
Gabriel Salazar dice que tenemos condiciones de éxito, pues la memoria colectiva chilena ya tiene suficientes antecedentes para llevar a cabo una revolución propia, acumulando los errores, tragedias y aciertos desde 1965 hasta ahora. Y es cierto, pero el movimiento estudiantil ha sido una seguidilla de sorpresas que hacen difícil una proyección. Por ejemplo, durante las vacaciones de invierno estuve absolutamente seguro de que las tomas no durarían después de agosto, pero los lumazos dados el 4 de agosto fueron realmente una inyección de fuerza al movimiento, que desde entonces vuelve fortalecido después de cada período crítico.
A pesar de tener una masa movilizada relativamente estable, no hay un diálogo directo entre los dirigentes secundarios y sus bases. Cientos de colegios se mantienen autónomos y las organizaciones secundarias no han sabido llegar a ellos, sino todo lo contrario: existe un rechazo a la ACES (principalmente luego de su errático comportamiento este año) y a la COMES (que sienten más ligada al establishment político). En definitiva, esa masa estable movilizada, se mantiene más por la fuerza propia que por una buena gestión de los dirigentes, que más que hacer historia, son las caras visibles de una generación histórica.
Y así como existe esa base fuerte, el gobierno ha mostrado una ineptitud sorprendente, con un abierto doble discurso y un pésimo manejo comunicacional, tal como lo demostraron las amenazas de perder el año escolar, los créditos y las becas. Incluso con ese mal manejo, incluso con el ojo del mundo sobre nosotros y con innumerables ocasiones para aprovechar las debilidades del gobierno, los voceros no han sabido decir, por ejemplo, que en tanto existan declaraciones como las del vocero de gobierno, que desvalorizan y deslegitiman al movimiento, una mesa de diálogo no es válida. No han sabido decir, por ejemplo, que en tanto el presidente defienda el lucro con dientes y uñas, el diálogo no es viable. Por sobre todo, no han sabido decir que en tanto la gran parte de los políticos tengan intereses creados en la educación, ellos no son quienes deben legislar al respecto.
Frente a esta crisis del estado, en la que lo establecido es incapaz de entregar calidad de vida ni asegurar la democracia, lo más lógico sería hacer la reforma FUERA del estado, esperando conducir el movimiento hacia la idea de la asamblea constituyente, movilizando a las fuerzas para que en la deliberación conformen una base constituyente y democrática. En este estado poco representativo y con esta clase política viciada, la solución a los problemas de nuestro país no yace en la vía oficial, sino fuera de ella. Y si bien la idea del plebiscito vinculante sonó fuerte en un momento, es casi como si el señor Larraín hubiera convencido a los estudiantes de que un plebiscito no es democrático, porque en algún momento esa idea desapareció, y fue reemplazada por la mesa de diálogo.
Echando a mano nuestra memoria colectiva, las mesas de diálogo siempre han sido infructuosas, las constituciones chilenas siempre han sido ilegítimas y la clase política siempre ha actuado igual. Es hora de cambiar todo eso, pues incluso si alguien piensa que el problema es sólo la educación, el “modelo político-económico chileno” no es perfectible. No se sostiene con más reformas.
¿Hacia dónde va el movimiento? No lo sé, pero ojalá que tanto las bases como los voceros echen mano a su memoria histórica para entender que los cambios no llegarán por parte del ejecutivo, ni por parte del legislativo ni dentro de las vías “constitucionales”. Vendrán de la mano de una ciudadanía consciente y responsable que los saque del poder y aprenda a gobernar.
Camilo A. García
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lunes 8 de agosto de 2011
El legado innegable del movimiento estudiantil chileno
Eran las 10:30 de la mañana del día 4 de agosto del año 2011 en el Parque Balmaceda, en la comuna de Providencia, entre el metro Salvador y la Plaza Baquedano. Una columna de unos 2500 estudiantes de colegios particulares y particulares subvencionados de las comunas de Ñuñoa y Providencia marchaba hacia el punto de reunión de ese día: la Plaza Italia, unos 800 metros más hacia el poniente. Sin si quiera cortar el tránsito, cruzando la calle con luz verde y con diversas manifestaciones culturales (un grupo de “espartanos por la educación” y una batucada), marchaban a paso firme y alegre hacia lo que se esperaba que fuera otro carnaval por la educación pública. A la altura de Condell un bus de carabineros se detuvo en la calzada y abrió sus puertas: 20 carabineros de las fuerzas especiales, lumas en mano, les bloquearon el paso y pidieron hablar con los dirigentes. No podíamos caminar por el parque, no teníamos derecho a reunirnos y ninguno de los uniformados se identificó cuando un profesor se lo pidió. Yo fui a insistir en lo mismo, sin pensar que el carabinero levantaría el garrote e intentaría golpearme en la cabeza. Los carabineros comenzaron a perseguir estudiantes y de la nada apareció el carro lanza-agua a disolvernos, sin si quiera haber dado un paso al frente.
A las 10:45 de la mañana habían 5 detenidos de esa columna de colegios de clase media alta. Sin embargo, nadie cedió y el grupo que parecía disuelto se trasladó al Metro Salvador, donde les cerraron las puertas y carabineros los persiguieron amablemente por el Puente del Arzobispo hasta las afueras de la clínica Santa María. El enorme grupo de estudiantes ya había sido reducido a unos 500, que también fueron dispersados con gases lacrimógenos que efectivos de carabineros arrojaron por todo el rededor de la clínica. Después de un rato se cortó el tránsito en calle Bellavista y pudimos marchar por ahí. En pio nono se nos indicó que podíamos ir a la alameda, pero era una trampa, porque el “guanaco” nos estaba esperando en el puente, listo para mojar a todo el que se le cruce en su camino. Fuimos disueltos, pero volvimos a marchar unas cuadras antes por Bellavista. El olor a gas lacrimógeno era insoportable.
Desparecí en la casa de una amiga de la familia que vivía cerca y que me ofreció asilo en su casa. En las noticias contaban del estado de sitio en el que se encontraba Santiago, repitiéndose los incidentes que iniciaron carabineros con nosotros en casi todas las vías de acceso a Plaza Italia. Me armé de valor y salí a la calle, encontrándome con una batalla entre manifestantes que insistían en marchar (sin lanzar nada a carabineros) y la policía que lanzaba tantas bombas lacrimógenas como tenía a su alcance. Escapé por el sector de los canales de televisión, la calle Inés Matte Urrejola. En ella había un fuerte olor a gas pimienta. A la altura de TVN carabineros perseguía en moto a un grupo de estudiantes que no ofrecían ningún tipo de resistencia. Finalmente subí el cerro san Cristóbal y salí por Pedro de Valdivia, en donde sí me dejaron tomar el metro.
Esa misma noche los vecinos de Santiago harían barricadas por casi todas las intersecciones importantes, se organizarían asambleas ciudadanas y comenzaría la arremetida del pueblo contra la represión. Los más viejos comparaban la brutalidad policiaca con los tiempos de la dictadura y los más jóvenes peleaban entre la rabia y el desconsuelo. En Ñuñoa, el mismo colegio reprimido, sería uno de los que encabezaría los cacerolazos que tienen en jaque a las fuerzas especiales por cuarto día consecutivo. En la Villa Primavera de Puente Alto, un grupo de vecinos saldría a protestar con sus ollas de forma espontánea. Las barricadas se han repetido, las manifestaciones espontáneas también, incluso en Plaza Italia. El gobierno habla del derecho al orden público (por sobre el derecho al libre tránsito o a la libre reunión), los medios acusan intransigencia y los chilenos, o al menos una parte de ellos, va tomando conciencia de la fuerza y la importancia que puede tener la organización.
El legado innegable del movimiento estudiantil es una lección de democracia, un aprendizaje de valentía y de ciudadanía del que he sido testigo. Sin duda algo que podré contar a mis nietos con orgullo. Los estudiantes lucharemos hasta la victoria, ahora con más fuerza que nunca. Plebiscito, abdicación, reforma o asamblea constituyente, no importa la forma, pero lucharemos hasta el final, porque hemos aprendido de una vez que este país es nuestro, no de ellos.
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jueves 21 de julio de 2011
Decidido: Chile quiere matrimonio de calidad, Patagonia igualitaria y educación sin represas.
Adelantar las vacaciones de invierno es forma evidente de desgastar al movimiento estudiantil ¿de qué otra manera puede defenderse un gobierno que no tiene ni pies ni cabeza? No creo realmente que a Piñera y su séquito les importe demasiado la popularidad que tengan, ni si quiera creo que les importa hacer las cosas medianamente bien: la regla general del mercado es ganancia a cualquier costo. El movimiento estudiantil representa una seria amenaza para los intereses de los políticos (tanto de la concertación como de la coalición por el cambio) que tienen capital invertido en colegios y universidades, por tanto debilitarlo se convierte en el objetivo número 1. Fuera de defender los intereses personales, nadie tiene ninguna otra intención: no hay valores detrás del gobierno, sólo una ideología fría y seca que nos viene acompañando desde las reformas de Pinochet, cimentada por los 20 años de Concertación y rematada (a modo de “golpe final”) por la Derecha. El bien común quedó atrás hace muchos años.
Entonces cómo podemos constituir un gobierno, tanto en el congreso, como en el ejecutivo, hecho de gente tan fría y seca como el neoliberalismo ¿Cómo puede la ciudadanía aceptar una izquierda agonizante, un centro tan centrado que se hunde y una derecha tan cruel que da miedo? La respuesta es sencilla: estamos tan fríos y secos como quienes nos gobiernan. Tampoco el bien común prima en las vidas de los votantes chilenos: los viejos son demasiado conservadores, los adultos se han convertido en derrotistas y los jóvenes nacen apáticos. Por eso también es muy importante para quienes gobiernan que el movimiento estudiantil no tenga éxito: es la prueba de que no todo está perdido. Si hay un lugar en donde el bienestar personal desaparece y deja paso al bien común, a esa cabeza, ese ideal que mueve a las masas y las llama a hacer justicia, es en el movimiento estudiantil (del cual es redundante hacer alguna diferencia entre secundario y universitario).
Somos minoría en la sociedad, lo sé. Como estudiantes movilizados somos una minoría dentro de 17 millones de chilenos; como homosexuales, bisexuales, lesbianas y transexuales también somos una minoría; como ecologistas que entendemos que la protección de la madre tierra es la única opción para el desarrollo de la sociedad, también somos minoría. En Chile las voces de cambio son pocas, pero a pesar de ello se masifican rápidamente y van ganando terreno: hace 5 años sólo el 36% de la población aprobaba el matrimonio y la adopción homosexual, y hoy ya es el 48%; hace 5 años el movimiento estudiantil quería botar una ley, y hoy quiere reconstruir el estado; hace 5 años un gobierno se propuso aprobar decenas de termoeléctricas, y si entonces nadie hizo nada, ahora detuvimos punta de choros y estamos a punto de echar abajo hidroaysén. Los movimientos sociales crecen y están convirtiéndose en un problema: Si el movimiento estudiantil gana aunque sea una batalla, sentará un precedente demasiado peligroso para políticos y empresarios de toda clase.
Aun así ¿qué hacer con el resto? ¿Qué hacer con los 15 millones de chilenos que aún no salen a las calles? ¿Con la aún enorme masa de gente que cree que ser homosexual es comparable con ser pedófilo o que lo considera la peor degradación del ser humano? ¿Qué hacer con aquellos que aún llevan la bandera del progreso a cualquier costo? Pareciera ser que los ideales más preciosos que se hayan levantado en los últimos 5 años no sean suficientes como para cambiar la sociedad, como para orientarla claramente y no permitir que exista esta crisis de representatividad.
¿Qué sociedad queremos? Pocos lo saben y a pocos les interesa. El 60% de Chile cree que el desarrollo económico no lo ha beneficiado, y aun así nadie pide una distribución equitativa de la riqueza. Las familias se desmoronan y mientras más niños abandonados hay, menos queremos que homosexuales sean capaces de adoptar y formar familias sanas. Nuestro país parece estar desorientado y ello en las urnas nos jugará en contra, en la asamblea constituyente nos jugará en contra. No basta el rechazo a un gobierno para derrocarlo, ni reconocer la maldad detrás de un sistema para cambiarlo.
En otra columna dije que la unión de todos los gremios movilizados era la única esperanza de victoria. Ahora me gustaría señalar una cosa: debemos orientar bien a la población respecto de lo que queremos y por qué lo queremos. La masificación de las ideas, sin eslóganes, sólo con la verdad por delante, será decisiva a la hora de decirle a la gente que construya una sociedad más justa. Las minorías unidas debemos avanzar, luchar y por sobre todo, dejar de ser sólo minorías.
Camilo A. García
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lunes 11 de julio de 2011
Algo muy personal
Hablé en frente de 20.000 personas en el acto de la CONFECH el 12 de mayo. En ese entonces yo era vocero de la Federación Metropolitana de Estudiantes Secundarios, de la cual también soy redactor de su estatuto. La FeMES significo para mi proyecto muy personal y su vocería era un honor. Luego de bajarme del escenario mucha gente me miró complacida, me aplaudía y un par de periodistas me interceptaron: un hombre bajo y calvo del diario Las Últimas Noticias y una mujer del diario La tercera. La adrenalina de subirse a ese lugar y dirigirse ante tantas personas me llevó a aceptar que ambos hicieran de mí un “perfil”, que no es otra cosa que preguntarme un montón de cosas personales para convertirme en el “nuevo líder estudiantil 2.0”. Fue una mala decisión. Eventualmente me convertiría en farándula y decidí renunciar al cargo de vocero antes de que ello pasara.
Pero no todo acabó ahí. Una cosa llevó a la otra y me convertí en coordinador, haciéndome conocido en muchos colegios dando charlas y luego como dirigente de la Asamblea de Estudiantes de Colegios Privados. Sin saberlo ya muchas personas conocían mi existencia y tarde o temprano los secretos que nunca me he molestado en ocultar salieron a la luz: un profesor de la UMCE me usó de ejemplo en una clase y mencionó casualmente mi homosexualidad. Un amigo que estaba presente en esa cátedra se alarmó y me llamó para preguntarme si tomaría cartas en el asunto. Y tras mucho pensarlo, dije que no: no quiero saber cómo lo supo, ni quiero desmentirlo. Como dice una canción de Sandra Mihanovich: soy lo que soy.
Desde entonces he estado pensando en mi vida personal ¿estuve en el closet alguna vez? No lo recuerdo ¿quiero formar familia? Sí, me encantaría ¿Estoy en el país correcto, entonces? No lo estoy.
Quiero ser médico. Quiero tener la satisfacción inmediata de hacer un aporte a la gente y a las ciencias, marcar una diferencia entre lo que usualmente se considera un paciente y lo que yo llamo persona. La política, el movimiento secundario, el ecologismo y el movimiento homosexual son añadidos que no me provocan ningún placer, pocas alegrías y demasiados disgustos. No quiero dedicarme a las últimas 3 cosas, pero si no lo hago yo ¿quién? No tengo mi conciencia tranquila viviendo en una sociedad tan injusta, no puedo planear mi futuro en un mundo moribundo y por sobre todo, no puedo dejar que la estupidez se apodere de mi vida y me impida tener la vida que quiero (y estoy decidido a tener).
No puedo ser feliz en un país que me condena por amar. Leí por ahí una columna muy buena sobre los olvidados de siempre, sobre los niños del SENAME. Por mi madre, profesora y fonoaudióloga entre otras cosas, he podido ver muy muy de cerca a esos infantes abandonados a su suerte, que claman cariño e irradian ternura. Es totalmente injusto que se les prive de tener una familia que los quiera sólo por un dogma que sepa quién cuándo se inventó, porque Jesús nunca lo dijo, Dios es un ente abstracto y silencioso, y lo que yo haga con mi ano es cosa mía. No es que diga que todos los gays están genéticamente preparados para adoptar, pero hay de todo al igual que en el mundo heterosexual, y darnos la posibilidad de hacernos cargo de ese déficit de padres responsables no sólo aliviaría la carga del servicio nacional de menores, sino que le daría una vida mejor a muchos niños, niñas, hombres y mujeres.
No puedo trabajar tranquilo, tampoco, en un país en donde aún me pueden despedir impunemente por ser distinto. No existe una ley antidiscriminación, por lo que no puedo ir de la mano con mi pareja por la calle (recuerdo haberlo hecho con un ex, un barbón veinteañero con pinta de metalero. Los carabineros nos amenazaron con llevarnos a la comisaría), no puedo expresar afecto en público y ni hablar de ser figura pública y presentar públicamente también una pareja del mismo sexo.
Seguiré estando en el país equivocado hasta que la discusión sobre el matrimonio homosexual deje de estar centrada en los conflictos patrimoniales y se convierta en un asunto de igualdad ante la ley. El amor que yo profeso (y estoy orgulloso de hacerlo) hacia un hombre no es muy distinto al que le daría a una mujer, y por lo mismo, el matrimonio trasciende a la herencia y se convierte en la aprobación de la nación hacia una unión que no debería causar ninguna extrañeza.
Entre homosexuales, bisexuales y transgéneros tendemos a crear una barrera con el mundo heterosexual, encerrándonos muchas veces en nuestros círculos y nuestros códigos. Por experiencia sé que la terapia de shock es sumamente útil para combatir cualquier tipo de fobias, y entre más pronto entendamos eso, más rápido cambiará la sociedad. No puede haber matrimonio sin ley antidiscriminación, ni una familia puede estar completa hasta poder tener descendencia, es decir, tener adopción igualitaria. Estas tres cosas deben llegar juntas a la sociedad chilena, y nosotros tenemos la misión de hacer ese tratamiento de shock: vivir normalmente, entendiendo que no somos tan distintos ni tan iguales, como tampoco lo son entre heterosexuales, y no temer el besarse en frente de un niño, en frente de una pareja de ancianos o de un grupo de pacos. Debemos aplicarle terapia antifobia a esta sociedad hasta que en las cátedras se deje de mencionar como una curiosidad la homosexualidad del sujeto del que se habla.
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sábado 9 de julio de 2011
La educación: capital para el futuro; el movimiento: un recurso político
Sin embargo, la articulación con otros entes sociales (o entre los mismos estudiantes) ha sido difícil, por no decir imposible. El cambio constitucional requiere una ciudadanía altamente informada, politizada y organizada que tenga muy claro sus ideales, condiciones que no se cumplen de ningún modo. Así como también el trabajo comunitario necesita un cambio en la forma de expresarse, un debate interno extenso y concienzudo y un esfuerzo más que gigante para coordinar todas las fuerzas del movimiento estudiantil hacia el trabajo persona por persona, puerta por puerta, mano a mano y voz a voz. El movimiento estudiantil en las condiciones en las que está ahora es incapaz de generar un movimiento ciudadano, pues sus formas de lucha alejan a los adultos más conservadores y dividen a los jóvenes más radicales, así como también las naturales y entendibles desconfianzas lo obligan a cavar una zanja a su alrededor y blindarse contra todo tipo de influencia externa. Dicha influencia externa es más que necesaria en estos momentos: las ideas deben ser enriquecidas por la experticia de académicos que están dispuestos a entregar su saber en pos del progreso, como también es imprescindible ampliar las redes para actuar como un bloque estudiantil y posteriormente nacional, que permita asestar un golpe definitorio al sistema criticado. Esta red debe estar compuesta por todos los descontentos: así como en España existen Los Indignados, en Chile no hay más que un grupo de estudiantes enojados, con justa razón, pero sólo enojados. Con esa problemática a cuestas, la información llega desde lejos y mal entendida, más enfocada a dirigir un enojo latente por la evidente crisis educacional que se vive día a día, que por generar una real consciencia.
Así es como un pequeño grupo de dirigentes puede llegar a tener el control de muchas personas, creando y proponiendo con la mejor de las intenciones, pero olvidando que en su proceso creativo, más que sugerir y debatir, dirige y ordena. Esa labor de dirección sería efectiva si tuviese algún objetivo concreto, pero parece ser más un auto-convencimiento del éxito que la planificación de una estrategia de guerra. Por ello la tarea de esos dirigentes, que generan los petitorios y analizan críticamente su realidad, se torna un trabajo de autoagitación, dejando de lado el convencimiento, la motivación y despreciando la posibilidad de que las bases tengan sus propias ideas y análisis.
Los factores antes mencionados se conjugan y permiten sacar conclusiones interesantes: la crisis es evidente y es notada por todos, pero el trabajo de autoagitación convierte la agudeza en fundamentalismo, haciendo que lo que es un movimiento admirablemente democrático rechace dentro de sí mismo las posturas divergentes y tienda a subdividirse ante la más mínima perturbación de un discurso que necesita y debe ser cada vez más radical. Cada segmento ya dividido de estudiantes sigue avanzando hacia el mismo punto que cuando estaban antes todos juntos, pero ahora buscando las diferencias que justifiquen la división.
A pesar de todo lo anterior, el movimiento estudiantil genera un capital político importante: una generación completa influenciada por un proceso, aunque mal dirigido, masivo y benévolo. Quizá sin entender por completo lo que significa la educación pública, los jóvenes la están apoyando y quieren construirla, a ciegas, pero hacerlo. Bien se decía hace 2000 años: más vale entregarle al pueblo las herramientas para gobernarse “mal”, que quitárselas y verlos explotar. Nada más democrático que 100.000 estudiantes sintiéndose ciudadanos en las calles, exigiendo el reconocimiento oficial de dicha condición.
A futuro muchos de estos estudiantes probablemente olviden lo que se les dijo en su momento sobre la educación y pasen a engrosar las filas de los derrotistas adultos que, aunque nostálgicos, prefieren seguir su camino lejos de sus ideales originales, acomodándose finalmente en el sistema que otrora criticaban. Cualquier persona que se precie de tener un mínimo de visión sabrá que esos ideales estarán de cualquier forma en esa masa resignada. Así como el movimiento estudiantil necesita una transformación del sistema político (a través del cambio constitucional), necesita también (pero no es consciente de esta segunda necesidad) perpetuarse en el tiempo ocupando el nuevo sistema político. Si se cambia la constitución pero se deja su ejecución en manos de los mismos que estaban antes del cambio, ningún objetivo se logrará. Es inmensamente importante que el movimiento estudiantil se alce como un referente político real, como una alternativa política visible que sepulte de una vez por todas a quienes negociaron la dictadura y le pusieron nombre de democracia, ellos, tanto los de la Concertación como los de la Coalición por el cambio son los culpables más directos de esta situación por no haber cambiado las cosas en su momento. Y por supuesto que la tarea de creación de ese movimiento político debe ser tan grande como la de la creación de un bloque ciudadano por la constitución de una asamblea constituyente: las dos necesidades del movimiento (el cambio en el sistema político y la generación de una alternativa política representativa, transparente y radical) sólo pueden ser cubiertas con la unión de todos los secundarios y de todos los “indignados” chilenos.
Quien no se suba al carro de los movimientos sociales en este momento, sea quien sea, lo lamentará en el futuro: una sociedad descontenta y oprimida es inevitablemente una sociedad inestable. La mala educación y la mano de obra mal calificada son una condena para el futuro, así como seguir invirtiendo en un sistema obsoleto y disfuncional a la larga generará pérdidas, pues la inefectividad del sistema hará que la educación no cumpla su función de generar inteligencia y resolver problemas clave de la sociedad. El desarrollo del país necesita la creación de industrias que generen productos con alto valor agregado y la creación de políticas económicas que protejan el mercado chileno fuera de sus fronteras, y sin una buena educación y un balance en la cantidad de técnicos y profesionales, ello no ocurrirá. Se plantea a la educación como una herramienta de movilidad social, pero es en realidad una herramienta de estabilización y crecimiento social: la investigación en las universidades da un aporte intelectual al país que trabaja; el trabajo exhaustivo con las comunidades escolares disminuye la delincuencia y la violencia; un hombre mejor educado es un hombre que sabrá resolver sus problemas; una sociedad consciente es una sociedad activa y saludable. La educación no debe tener por objetivo que todos lleguen a la universidad, sino que debe hacer que cada ser humano se desarrolle en lo que le gusta y desde ahí mejorar las condiciones de vida de todos.
Apostar por la educación pública, inclusiva y de calidad es apostar por un país socialmente sustentable y desarrollado. Apostar por la educación pública necesita la unidad de la comunidad educativa de todo el país, y su articulación con toda la ciudanía. Sin unidad, no hay cambio; sin cambio, no hay futuro.
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miércoles 13 de octubre de 2010
Una breve independencia
Procesos que desencadenan nuestra libertad fortuita
Antecedentes
1. Reformas borbónicas
Las reformas borbónicas son el resultado del cambio en la monarquía española (Sale la Casa de Habsburgo y entra la Casa Borbona). Los reyes, de origen francés, deciden implementar cambios en la estructura política, económica y cultural de España, como respuesta a la decadencia de dicho imperio en comparación con el resto de las potencias europeas, y como una forma de hacer entrar al humanismo y la ilustración a la idiosincrasia española, fuertemente medieval hasta entonces. Dichas reformas estaban orientadas a que la península (y más específicamente, La Corona) tuviera un mayor control sobre la vida económica de la colonia.
En el caso Chileno, el mayor flujo de productos desde España hacia América generó una saturación del mercado de ciertos productos, bajando su precio y produciendo el empobrecimiento y quiebra de muchos comerciantes locales. La designación de cargos desde España, la remoción de otros en América, como la competencia que se generó entre criollos y peninsulares, molestaron a la aristocracia Chilena, que sin cuestionar a la autoridad real, desaprobaba severamente su accionar.
La expulsión secreta de La Compañía de Jesús fue hecha a finales del siglo XVIII, por el creciente poder político y económico de dicha orden, así como también la contraposición de las ideas políticas jesuitas y de la corona: Por una parte los jesuitas defendían la idea de que el poder divino el rey emanaba del pueblo (por ende, el pueblo lo podía destituir), y por otro, la corona insistía en que su poder divino emanaba del propio Dios, a través del Papa, dejando de lado la soberanía popular. Si bien no tuvo repercusiones políticas, tuvo malas consecuencias económicas y culturales: Las tierras y escuelas, antes bien administradas por jesuitas, pasaron al control y mala gestión de la corona. En poco tiempo dichos bienes dejaron de generar ganancias y el clima de crisis se hizo más tenso.
2. Secuestro del Rey Fernando VII.
Como parte de las campañas napoleónicas, el rey Fernando VII es secuestrado, y en su lugar se designa a José Bonaparte, hermano de Napoleón Bonaparte, como Rey de España. La reacción de las colonias fue de incertidumbre y rechazo al nuevo régimen. En Chile se convocó a diversas reuniones para “guardar” el poder del Rey Fernando VII, no reconociendo la autoridad de José Bonaparte, e instaurando gobiernos autónomos locales provisorios. A su regreso, Fernando VII se encontró con una América en proceso de independencia y decidió tomar medidas drásticas para evitar mayores revueltas, creando una policía política y aboliendo cualquier cambio realizado (por independentistas o el Rey José Bonaparte) entre su captura y vuelta al poder. En esta época fue visto más como reaccionario, intolerante y pretencioso más que como un rey bondadoso recién regresado de su secuestro.
3. Influencias independentistas en la aristocracia Criolla.
Desde Francia y Estados Unidos llegaban a Chile noticias sobre revueltas antimonárquicas. La independencia de dichos países sienta el precedente en la aristocracia criolla de la posibilidad de independencia y trae consigo una serie de nuevas ideas: la libertad, la igualdad, el libre comercio, la libertad de culto, la soberanía popular, todas contrapuestas al régimen Español.
A su vez, los barcos contrabandistas de Francia e Inglaterra, sugieren que una independencia de España abarataría los costos de las mercancías, y le reportaría más beneficios a la zona. En respuesta a estas dos situaciones, algunos círculos de intelectuales y mercaderes chilenos ven la independencia de Chile como una posibilidad y una necesidad, en orden de satisfacer las ambiciones económicas y políticas de la aristocracia nacional, vapuleada por las reformas borbónicas.
4. Gobierno de García Carrasco.
En el año 1808, asume como gobernador de Chile Francisco Antonio García Carrasco, un militar exitoso con pocas dotes diplomáticas, proveniente de Concepción, ciudad históricamente enemistada con Santiago. García Carrasco decreta nuevos impuestos a la capital y se gana la antipatía de la aristocracia santiaguina, mientras que en concepción confisca el buque de contrabando Scorpion y se reparte los bienes que éste traía entre él y sus cercanos, en vez de entregarlo al fisco. Como si lo anterior le pareciese poco, se enemista con el Virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, al llamarlo inepto para combatir los vientos independentistas que se sienten en Buenos Aires. Por todo esto, Antonio García pierde el respeto y la autoridad frente a la aristocracia criolla, a la que le urge destituirlo, generándose uno de los primeros levantamientos en Chile en contra de un poder designado por la corona.
Su destitución fue aprovechada por los independentistas para dejar en el poder a Don Mateo de Toro y Zambrano, un anciano muy dócil, fácilmente manipulable y conciliador. Su llegada a la gobernación de Chile fue un paso más hacia una primera junta de gobierno, y en ella éste no tuvo problemas en proclamar libre a Chile, en tanto se reconociera la autoridad real.
5. La (no) industria colonial
Uno de los factores más influyentes para la independencia es la no producción de bienes con alto valor agregado. La corona española hizo a sus colonias dependientes de sus productos manufacturados, como armas, muebles, telas, etc. Las colonias, si bien tuvieron intentos de producir estos bienes, no fueron suficientes como para abastecer a todo el continente. Producto de lo anterior, la Nueva España se hizo muy dependiente de las mercancías que llegaban desde Europa, sea en los navíos oficiales (y luego de registro), como del contrabando inglés y francés. Los virreinatos de Nueva España y de Nueva Granada, por su cercanía al “puerto oficial” vieron los bienes de alto valor agregado más baratos que el Virreinato del Perú, y por consiguiente Chile, quienes, debido a su lejanía obtenían dichos productos mucho más caros de lo que llegaban, empobreciendo a la zona. Esto también generó un intercambio desigual de productos, en donde salían de Chile Bienes y oro, y sólo entraban mercancías, lo que para términos prácticos era una pérdida constante de recursos (dado a que la moneda de la época era metálica) que no era retribuida por la metrópoli en mejoras administrativas o materiales . Con el tiempo esta situación se fue acrecentando, sin que las colonias pudieran darse cuenta del problema de fondo, pero la situación económica del continente ya estaba arruinada.
El proceso de independencia
La primera junta de gobierno chilena, más que un alzamiento independentista, fue el reflejo del miedo de la aristocracia chilena a autogobernarse, en donde deciden “guardarle” el poder al rey Fernando VII. Prueba de ello es que luego de que el dócil Mateo de Toro y Zambrano entregara el poder, la Junta de Gobierno reconoció a todos los cargos, autoridades e instituciones españolas en américa. Sólo el alienante discurso de José Miguel Infante pudo transformar esa conservadora reunión aristócrata en un protogobierno.
La dualidad entre miedo a autogobernarse y la obligación moral, política y económica de hacerlo de la oligarquía fue utilizado por los “alzados” (Comerciantes, Mercaderes, Aristócratas liberales e intelectuales antimonárquicos) para instaurar un gobierno propio, que fue duramente criticado por una gran parte de la población. La junta de Gobierno de 1810 no fue representativa de la aristocracia nacional, pues “se perdieron” las invitaciones de muchos realistas y penquistas, quienes no participaron del encuentro, y por ende, no vertieron sus opiniones al respecto. Para solucionar este problema se convoca a elecciones para conformar el primer Congreso Nacional, que se inaugura en julio de 1811 y da un paso más (quizá sin que los involucrados realistas se den cuenta) hacia la independencia.
Luego de la Junta de Gobierno de 1810 y de la conformación del Congreso Nacional, José Miguel Carrera decide que los medios regulares son demasiado lentos y se toma el poder en noviembre y diciembre de 1811, cerrando el congreso nacional y enemistándose con los que fueran sus compañeros de gobierno, Martínez de Rozas y José Marín. Sus obras fueron polémicas, especialmente su constitución, que niega el poder de España sobre Chile (paradójicamente, uno de los pocos puntos que convence de la “independencia” a muchos aristócratas), rompe relaciones con el Virreinato del Perú y consagra la soberanía popular.
Cabe destacar que la independencia no es una lucha de clases, como proponen algunos historiadores, porque si bien se contraponen proyectos políticos característicos de la Burguesía y la Aristocracia, en la práctica no hay una lucha por el control de los medios de producción o la distribución de la riqueza. Un proletario es proletario, no por ser comunista o anarquista, sino por trabajar asalariado para un capitalista, arrendando su fuerza de trabajo. Los puntos discutidos en la independencia de nuestro país no son otra cosa que la organización política, lo que en ningún caso define la “clase”. Ni si quiera podríamos hablar de una lucha “entre clases”, pues tanto la burguesía como la aristocracia se cuadran con uno y otro bando dependiendo de su conveniencia.
Volviendo a la historia lineal, luego de una junta de gobierno en 1813 y una desastrosa campaña militar de Carrera y O'higgins, la Corona española vuelve a conquistar Chile, designando como gobernador a Mariano Osorio, y luego a Casimiro Marcó del Pont, dos déspotas que gobernaron nuestro país con mano de hierro y realizaron grandes persecuciones políticas, si bien no hubieron mayores revueltas militares más que las escaramuzas muy bien representadas en la leyenda de Manuel Rodríguez.
El gran error cometido por los españoles fue recuperar sus colonias con violencia y represión. Fue más el resentimiento provocado por los excesos y la actitud reaccionaria de los gobiernos entrantes que un ideal político definido lo que provocaría el apoyo de las aristocracias locales a los independentistas. La clausura de el instituto y la biblioteca nacional fueron acciones más simbólicas que pragmáticas de la corona, innecesarias políticamente hablando, y que le dieron al nuevo gobierno una imagen maligna y retrógrada a los ojos criollos. La eficaz persecución política realizada por Marcó del Pont tensionó lo suficiente a la aristocracia y molestó lo suficiente a las clases populares como para que se plegaran al ejército libertador en cuanto éste llegara.
Luego de la Batalla de Maipú, el gobernador supremo más lógico para Chile sería San Martín, pero éste estaba demasiado ocupado en su campaña para eliminar el virreinato del Perú y consagrar la independencia de la región sin amenaza alguna de parte de España. Para suplir este vacío se le pide al ambicioso O'higgins que asuma en el cargo de Director Supremo de la República de Chile.
En el poder, O'higgins se enemistó con la aristocracia al suprimir los títulos de nobleza, los mayorazgos, escudos familiares y la esclavitud. Y con el bajo pueblo al suprimir las corridas de toros, peleas de gallos, ramadas, juegos de azar y procesiones nocturnas. Si bien fue demócrata en su tiempo, prontamente se convetiría en un predecesor -quizá con mayor sensibilidad social- de Portales, abogando por un ejecutivo fuerte en tanto el pueblo no esté preparado para ejercer política, quizá como una manifestación de su ego y autosuficiencia. La insensatez de O'higgins para realizar reformas políticas, el asesinato de Carrera y sus ambiciones de gobernar por 10 años más lo sepultaron políticamente. En el año 1823 se le pide su renuncia, y tras un breve período de resistencia, éste abdica y se exilia en Perú.
Irónicamente, en el tiempo de ensayos constitucionales y el primer gobierno de la república conservadora, habrán sectores de la aristocracia que piden el regreso de O'higgins al poder, como único líder capaz de organizar eficiente y ordenadamente el país.
Balance de la independencia
La independencia es el resultado inevitable de una seguidilla de errores políticos de la dinastía Borbona. Si bien las bases para la revolución fueron hechas por la casa de Habsburgo, la solución a dichos problemas no era otra cosa que abogar por los intereses de américa y no de la corona. De haber dado más libertades y derechos a las colonias los oligarcas no hubieran visto en la independencia una forma de aumentar sus ganancias económicas.
Otro punto a considerar es el poder político y militar que tienen las familias aristócratas criollas. Cada familia aristócrata se adjudicaba una cierta cantidad de trabajadores inquilinos, peones y encomendados que cumplían diversas funciones al interior de las haciendas. La Hacienda, más que un espacio de convivencia y desarrollo del trabajo, era un feudo. Los trabajadores de las haciendas podían cultivar la tierra como tomar las armas de su patrón si éste lo requiere, y en los momentos en que se herían las sensibilidades -políticas, religiosas o económicas- de la pretenciosa aristocracia, ésta no dudaba en recurrir a su pequeño batallón de esclavos si fuese necesario. El bajo pueblo no tuvo nunca participación ni menos poder político, pero fue un garrote muy eficaz de la oligarquía. Este fenómeno se mantuvo incluso hasta las disputas de poder entre conservadores y liberales a mediados del siglo XIX.
Por último, es necesario decir que la independencia no cambió ninguna estructura histórica. El poder económico, político y militar, si bien cambió en la forma de orgnizarse, seguiría siendo propiedad de unos pocos hasta el siglo XX, y los procesos y cambios sociales se seguirían dando en función de los intereses de la oligarquía. Con la entrada en crisis de la identidad aristocrática a principios del 1900 y el nacimiento de movimientos juveniles burgueses por una mejor distribución de la riqueza, recién podríamos hablar de una República de Chile alejada del modelo de poder político colonial, modelo que perdura hasta nuestros días en las forma de producción en las que se sustenta nuestra economía.
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sábado 26 de junio de 2010
El patriotismo de la caja idiota
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jueves 27 de mayo de 2010
La universidad como peldaño social??
Ya no se cuántas veces he escuchado a políticos, panelistas, opinólogos y pseudo líderes de opinión decir que hay que fortalecer el acceso a la universidad, que hay que tener universidad para todos, que es muy importante que todos vayan a la universidad, que la universidad es el motor de movilidad social de esta sociedad… En fin. Tantas utopías sobre la universidad que ya me hastíe, y diré lo que hasta ahora nadie a dicho en TV por temor a quedar mal: LA UNIVERSIDAD NO SIRVE NI UN CARAJO PARA “SER MÁS”.
Si pensamos en el sistema de sueldos como una pirámide (aunque a mi no me guste), necesitamos pocos profesionales, un poco más de técnicos profesionales y muchísimos técnicos a secas. Es sólo así cómo un médico o un ingeniero pueden ganar 30 veces lo que el tipo que le saca la mierda del baño (asumiendo que ya no queda nada de altruismo y nos quedamos sólo con el arribismo). La gente sigue pensando que si mandan a su prole (muchas veces en contra de su voluntad) a la educación superior, no importando lo rasca, grasa, poco seria o patética que sea la casa de estudios, en efecto ganarán más que el papá que es obrero, que “con esfuerzo sacamos a la siguiente generación adelante”.
La realidad está muy lejos de aquello. El mejor estudiante de Chile es un campesino en Singapur según la prueba PISA (eso sin desmerecer a los campesinos). Como los mejores estudiantes entran a las 3 o 4 mejores universidades, las mejores universidades de Chile no le llegan ni a los talones a las del mundo desarrollado: en fondos, infraestructura y calidad docente. Ya partimos mal: somos malos estudiantes en la media, seremos mediocres estudiantes en la u.
Si juntamos a todos los egresados de ingeniería comercial, sólo del año 2009, encontraríamos, a lo menos, 2000. Si juntamos a todos los egresados de pedagogía que no serán más que radios repitiendo lo que por osmosis le pudo entrar en el mate, quizá encontremos unos 3000 anuales. Lo cierto es que no hay tanto trabajo, ni hay tanta necesidad de reproductores de materia. Es así cómo algunas carreras quedan en casi una estafa, como ingeniería comercial en administración de empresas, arquitectura, periodismo, leyes, pedagogía, sociología, artes, música, otras ingenierías con menos campo, y la lista suma y sigue. Tarde o temprano aparecerían las bromas de “cesante ilustrado”.
A medida de que pasa el tiempo, las universidades privadas buscan nuevos mercados para formar a más “generaciones emprendedoras”, abriendo nuevas carreras con más campo laboral (como la reciente incorporación de medicina a la UPV), o inventándose otras sin ningún campo laboral (como especialista en Word, Power Point, Excel y Outlook, del Instituto Sersoft), o dando a conocer carreras casi olvidadas, como la óptica. Por supuesto que durante los primeros años de carrera, cuando hay pocos aspirantes y pocos egresados, la mentira será encubierta por más tiempo, pero de aquí a 10 años las estafas se habrán acabado, y todas las “generaciones emprendedoras” estarán cesantes o con un sueldo mísero y en condiciones míseras. O bien limpiando baños, igual que su generación anterior “esforzada”.
Parece terrible, y uno pensará cómo un empleador puede querer gente que tenga un título pegado con mocos. La verdad es que si quieren un título pegado con mocos, porque ya estarán recibiendo alumnos de media con un certificado de estudios pegado con mocos. Los cargos importantes los llenará la gente bonita de universidades bonitas, y el resto, la plebe mal pagada y desesperada que hará trabajos automatizaos en computadores, sin profundizar más allá de su labor. Es negocio redondo, para todos menos para quien me lea y esté en el Instituto Sersoft.
Y en cualquier caso, no faltan los inmigrantes que vienen escapando de un mal sistema, cobran una miseria que en su país es riqueza y terminan bajando igual los sueldos y la cantidad de trabajos para los Chilenos. No soy xenofóbico, respeto mucho a los extranjeros, y creo que así como yo debería poder ir a vivir a donde se me de la gana (al fin y al cabo, este mundo es de todos), los estadounidenses, chinos, ecuatorianos, peruanos, bolivianos, sudafricanos, antillanos, Burkina facenses, etc, etc, etc, tienen derecho a vivir aquí. La cosa es que con buenos sueldos, en su país y acá.
Si la educación básica fuera buena, los estudiantes desarrollarían habilidades que les permitirían profundizar conocimientos y destrezas en la media. En la media serían más sociables y quizá, incluso, personas ya hechas y derechas. Entonces todo el mundo sabría lo que quiere ser, si barrendero, médico o electricista, y como a tantos les daría flojera estudiar más de los 12 años del colegio, habrían pocos aspirantes a la universidad, y las úes rasca quebrarían por la ley de mercado.
Pero eso nos sigue dejando a… la ley del mercado. La fuerza de trabajo también es un producto que nosotros vendemos. Sea con nuestro intelecto o con nuestro cuerpo, vendemos productividad, y el mercado tiende a elegir lo más barato. Como hay una colusión de compradores (y en este caso, al no haber ni sindicatos ni conciencia social, ellos ponen el precio de la mano de obra), ellos querrán pagarle menos al barrendero, un poquito más al electricista (para que mire en menos al barrendero) y mucho al médico (porque la carrera es cara y el médico es hijo del empleador, y debe mirar en menos a todos los demás). Por consiguiente, todos querrán ser médicos, pero no todos tendrán el dinero del empleador. Ahí es donde aparecen de nuevo las úes rasca.
Parece un círculo vicioso, pero no lo es. La universidad de chile y la Universidad católica fueron durante mucho tiempo las únicas universidades tomadas en cuenta en nuestro país. Y podrían seguir siéndolo sin que nadie perdiera nada. La universidad solía ser gratuita en las úes estatales, y todos nuestros jefes y políticos estudiaron bajo ese sistema gratuito, financiado por las empresas estatales que ya se vendieron, y por los impuestos que los ricos ya no pagan. Una mayor equidad de sueldos, y una mayor conciencia de que, en tanto el trabajo sea productivo, es igualmente digno y le da a esa persona el mismo derecho a desarrollarse con su tiempo libre y dinero, lograrán que no existan trabajos soñados, pues cada cuál hará lo que más le acomode. Y algún incentivo se le dará si falta. Un sistema piramidal no es necesario, y de hecho, sin él, no habría necesidad de mandar a los hijos a aprender estupideces a centros de estafa, desestabilizando los trabajos y la calidad de vida a futuro.
Tenemos muchísimos estudiantes universitarios. En el futuro tendremos muchísimos cesantes y pobres. Tenemos muchísimos pobres y los seguiremos teniendo en el futuro si no cambiamos la estructura mental y social imperante. De hecho, si no lo hacemos, en un futuro inevitablemente seremos nosotros los pobres (a menos que mi estimado lector viva en Vitacura, Lo Barnechea, La Reina alto o Peñalolén alto, o sea narcotraficante). Quizá podamos comer, pero comer, beber y dormir no es vivir, es subsistir. Sin mejorar la educación, nuestros salarios, condiciones de vida y conciencia, seguiremos subsistiendo.
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domingo 2 de mayo de 2010
1º de mayo
¿En qué consiste mi crimen?
En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social en que sea imposible el hecho de que mientras unos amontonan millones utilizando las máquinas, otros caen en la degradación y en la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la Naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar...Es cierto que tengo relaciones con mis compañeros de proceso, pero a algunos sólo los conozco por haberlos visto en reuniones de trabajadores. No niego tampoco que haya yo hablado en varios mítines, afirmando que si cada trabajador llevase una bomba en el bolsillo, pronto sería derribado el sistema capitalista imperante. Esa es mi opinión y mi deseo.
Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes son sus amigos. Todo lo demás yo lo desprecio; desprecio el poder de un Gobierno inicuo, sus policías y sus espías. Nada más tengo que decir”.Discurso de George Engel ante el tribunal que lo condenó a la horca en Chicago.
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